
Últimamente no puedo dejar de hacerme preguntas a todas horas y sobre todo. Hasta acerca de las cosas más insignificantes. En todo veo un motivo para preguntarme a mí misma y a los demás.
Me atormenta. No me gusta. No me gusto así.
¿Por qué lo hago?
No lo puedo evitar, eso está clro. Entonces, dos opciones, de nuevo:
a) Morderme la lengua y quedarme con las ganas de preguntar. Peligroso, que me conozco y canalizo de forma desafortunada casi siempre.
b) Pregunto cada vez que una cuestión se me viene a la mente, aun a riesgo de que se harten de mí y me manden a la mierda.
Ay, no sé qué hacer.
3 comentarios:
Pues nada, me la jugaré.
Cactus, no es justo. Tú lees mi blog y yo no puedo leer el tuyo. Qué mal, no?
Tienes razón.Abriré las compuertas otra vez, que las cerré el otro día en un arrebato de " jopeta!, me enfado! pues ahora no lo lee nadie!"...Tontunas vacacionales serán...
Besitos tesorete.
Cactus G.
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